Así como el Gato de Schrödinger, vives en dos estados simultáneos:
uno, lejos, distante, donde me ignoras y te esfuerzas para no quererme;
otro, dulce, bellaka, amándome a ratos.
Un rato el yin, después el yang. Empiezas a sentir demasiado y huyes,
te vuelves caos, dueña de la entropía, y poco a poco vas encontrando el ritmo y patrón del universo
que te regresa a mí, solo para volverte a marchar... a no estar y a estar.
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